domingo, 27 de enero de 2008

Derecho a decidir

“En el siglo XIX y parte del XX los progresistas lucharon por extender el derecho de sufragio a toda la ciudadanía sea cual fuera su sexo y nivel de renta. Hoy ser progresista pasa por rechazar que el derecho a decidir quede limitado a los miembros de un "pueblo".”
IÑAKI IRIARTE LÓPEZ

Derecho a decidir
M ÁS de 80 personalidades de la política, la cultura y el deporte vascos -entre los que se cuentan Atutxa, Perurena o el bertsolari Egaña- han constituido la plataforma "Erabaki" en favor del "derecho a decidir". Con este fin han publicado un manifiesto donde se afirma que "todos los pueblos tienen derecho a decidir libremente su futuro". A su entender, esa competencia correspondería también al "Pueblo Vasco" y su ejercicio permitiría abrir "el camino de la paz" y "de la normalización política", por medio de la elección de "nuestro propio futuro en libertad". El nacionalismo tiende a confundir sus prejuicios con el fundamento de la democracia. Supone así que un Estado donde no se acepte el llamado derecho a la autodeterminación no constituirá un régimen verdaderamente democrático. En realidad, sucede más bien lo contrario: el "derecho de los pueblos a decidir", es decir, a la soberanía, entraña una grave amenaza contra el fundamento de la democracia: el derecho de la ciudadanía a decidir sobre la base de la igualdad jurídica.

De igual modo que términos como "identidad" y "cultura", "pueblo" es un concepto extremadamente problemático. Todo nacionalista cree que el suyo constituye una realidad objetiva, bien definida, avalada por razones geográficas, históricas o antropológicas, pero, curiosamente, esas mismas razones le parecerán erróneas al nacionalista de otro "pueblo" que reclame parte del territorio que el primero tiene como propio. Descendamos al ejemplo más cercano: ¿quién constituye ese "Pueblo Vasco" al que se refiere el manifiesto? ¿Los habitantes de las siete provincias, incluso aquellos cientos de miles que no se consideran vascos? Estoy casi seguro de que a la mayoría de los firmantes -que exigen "la defensa de todos los derechos humanos para todas las personas"- les parecería una barbaridad obligar a otros a ser lo que no quieren ser. Así que habrá que concluir que serán parte del Pueblo Vasco solamente cuantos se sienten parte del mismo. Pues bien, teniendo en cuenta que -según las encuestas- entre más de la mitad y un tercio de los vascos se considera también español o francés y en la medida en que buena parte de ellos convive en un mismo territorio junto a otra población que no se siente vasca, ¿qué puede significar ese derecho a "establecer sin imposiciones cómo deseamos vivir y organizarnos" que proclama el manifiesto? Parecerá un tópico, pero al menos en el interior de Europa las fronteras están desdibujándose con inusitada rapidez. Y esto hace que el concepto de "pueblo" pierda todavía más consistencia. Hace tiempo que hay más apellidos vascos por Francia y España que en las siete provincias. Nuestra economía está integrada en el contexto español y europeo. Son centenares de miles los foráneos que han venido a vivir entre nosotros y centenares de miles también los nacidos aquí que se han ido a vivir fuera. No habitamos, por tanto, en ninguna isla. ¿Cómo entender que podamos decidir como si estuviéramos aislados en medio del océano? En una sociedad tan compleja como la nuestra, ser parte de un "pueblo" no puede convertirse en una bula para ejercitar un derecho absoluto a elegir al margen de los demás.

Concebir la política a partir a la idea de que la soberanía corresponde a los pueblos implica también otro problema. Cada vez son más los ciudadanos que se sienten miembros de varios pueblos a la vez o que no se reconocen en ninguno. ¿Cuál es el "ámbito de decisión" donde quedarían ubicados todos esos "mestizos", "apátridas" y "ciudadanos del mundo"? En el siglo XIX y parte del XX los progresistas lucharon por extender el derecho de sufragio a toda la ciudadanía sea cual fuera su sexo y nivel de renta. Hoy ser progresista pasa por rechazar que el derecho a decidir quede limitado a los miembros de un "pueblo". De lo que se trata, por lo menos en Europa, es de trabajar en la construcción de un espacio jurídico común, donde la soberanía corresponda al conjunto de los ciudadanos, con independencia de su etnia o lugar de residencia.

1 comentario:

aton dijo...

totalmente de acuerdo, iñaki. por esto mismo no entiendo los nacionalismos; acabaríamos proclamando la república independiente de mi casa. cuando a un nacionalista le explicas esto, ¿lo entiende?, ¿se convierte?, ¿o no hay cura?