domingo, 10 de junio de 2007

Fin de la Tregua

Diario de Navarra 2007/06/10

“Cara al futuro, ETA sabe que será suficiente con preparar un nuevo señuelo para que el grueso de la sociedad española, tan olvidadiza como deseosa de vivir en paz, caiga de nuevo en la trampa”
IÑAKI IRIARTE LÓPEZ

Fin de la Tregua

TAL vez sea un detalle carente de importancia, pero si algo me sorprendió de las declaraciones del presidente del Gobierno en relación al final del alto el fuego fue esa apreciación suya de que ETA «se equivocaba» -repitiendo, por cierto, una expresión de Aznar al final de la anterior tregua-. Avisarle a alguien de sus errores es algo que sólo se entiende cuando se alberga la esperanza de hacerle recapacitar y entablar algún diálogo con él. Y quiero creer que, a estas alturas, Zapatero habrá desechado ya de plano esa posibilidad. Sea como sea, lo que me hubiera gustado escucharle a nuestro presidente era confesar humildemente que él se había equivocado. Equivocado a la hora de verificar la voluntad de ETA de abandonar las armas, equivocado al presentar al PP como un partido que no quería la paz, equivocado al no impulsar la ilegalización de ANV, equivocado al referirse a Otegi como un «hombre de paz». No es momento de reproches, es cierto, y, puestos a repasar equivocaciones, no estaría de más recordar que también parecen haber errado quienes aseguraron que Zapatero había claudicado ante los terroristas. Otra cosa es que autorizara demasiados gestos, exasperando a media España.

De cualquier forma, todos nos equivocaríamos ahora si pensáramos que ETA ha perdido completamente el juicio al decidirse a finalizar la tregua. Al contrario. Es perfectamente consciente de que aunque las cosas le vayan muy mal, tiene asegurado ya, como mínimo, todo lo que la ingenuidad y la buena fe de nuestra democracia ha aceptado concederle. Cara al futuro, ETA sabe que será suficiente con preparar un nuevo señuelo para que el grueso de la sociedad española, tan olvidadiza como deseosa de vivir en paz, caiga de nuevo en la trampa. Bastará con alguna declaración equívoca de sus esbirros políticos, con decretar algún tiempo después otro alto el fuego «indefinido». Y, otra vez, los partidos nacionalistas, vascos y no vascos, directamente y a través de movimientos sociales de su cuerda, le pedirán al Gobierno de turno que aproveche esa «oportunidad histórica», que no «defraude las expectativas de la sociedad vasca», que «explore la posibilidad de una salida dialogada», que… negocie. ¿Cómo no irán a hacerlo cuando el martes mismo la portavoz del Gobierno vasco insistía en mantener abierta la vía del diálogo como «única salida al conflicto»?

ETA confía además en que un futuro proceso no partirá de cero, sino que se retomarán las cosas donde ahora se han dejado. Se admitirá, por tanto, la índole «política» del problema, se la volverá a reconocer como interlocutor válido, se aceptará la presencia de mediadores internacionales y, lo que no es poco, la necesidad de articular el derecho a decidir de los vascos. Los terroristas han comprobado, asimismo, que a sus presos no se les exigirá arrepentirse y que les bastará con perder algunos kilillos para disfrutar en la Bella Easo de una cura de reposo en compañía de sus parejas. Saben igualmente que quienes protesten serán reprobados como unos fachas resentidos que no desean paz. Y esto no es lo peor: por encima de todo ETA está segura de que cuanto más dolor cause, esa cháchara del «consenso entre todas las fuerzas democráticas» empujará a muchos constitucionalistas a mostrarse extremadamente conciliadores con el «nacionalismo sin pistolas», facilitándole, por ejemplo, el gobierno en diputaciones y ayuntamientos. Y este nacionalismo, aunque repudiando sinceramente la violencia, trabajará desde de la legalidad y las instituciones por la consecución del principal objetivo de ETA: una Euskal Herria independiente y euskaldun, es decir, la desaparición en estas tierras del Estado de los ciudadanos y su sustitución por un Estado étnico.

¿Tan gris es el panorama? Sí. A menos que los ciudadanos obliguemos a los dos partidos que representan al 80% del país a pactar todo cuanto afecte al modelo de Estado, a no ceder a las presiones de terceros y a comprometerse a derrotar a ETA sólo por medio de la Ley. Y si no nos hacen caso habrá que ir pensando en buscarnos otros representantes.

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