miércoles, 8 de agosto de 2007

Vencer el miedo

Vencer el miedo

En 1979 un pistolero de ETA mató en Etxarri Aranatz, localidad navarra a medio camino entre Vitoria y Pamplona, a Jesús Ulayar Liciaga. Le ajustició un asesino, en la actualidad empleado del abogado y líder de NABAI, Patxi Zabaleta, llamado Vicente Nazábal, también vecino del pueblo. En una sociedad sana e higiénica el asesinado sería un héroe y el asesino un cobarde marginado por la comunidad pero nadie ha dicho que en el Valle de la Sakana navarro o el Goierri guipuzcoano respiren en paz y libertad sino miedo a expresar unas ideas que no coinciden con las de la mayoría de la población que allí habita y terror a morir por defenderlas. Miedo y terror, en definitiva, a acabar como un Ulayar al que los fascistas nunca perdonaron haber ejercido de alcalde en la última etapa del franquismo. Miedo y terror a que tras ser asesinado tu memoria sea pisoteada y tus descendientes sean condenados primero al exilio interior del olvido obligado y después a una no menos imperativa huída. Miedo y terror a que al asesino de tu padre se le homenajee y se convierta en heroico gudari de la trágica fantasía nacionalista mientras el lugar en que pereció tu progenitor se vea ocupado por unos contenedores de basura que, en una sociedad sana, deberían ser apartados de allí tras haber metido dentro al verdugo. Y miedo, mucho miedo, a que ese verdugo aproveche su estancia en la cárcel para sacarse una carrera costeada por todos y que, lejos de servirle para su reinserción, le valga para ser contratado y trabajar a los órdenes de quien por un mero cálculo electoral de Ferraz no se ha convertido en vicepresidente de todos los navarros.

Enfermo también está Berriozar, otro pueblo navarro sacudido por el terrorismo hace siete años, fecha en la que ETA ponía fin a la vida del militar Francisco Casanova. Una enfermedad que impide una rebelión popular constante contra unos asesinos que hoy se sienten fuertes de nuevo. Y es que la enfermedad de una sociedad siempre tiene su correspondencia en la política y en España hay partidos que han renunciado a sus principios a cambio muchas veces de nada. Uno es Izquierda Unida, cuya versión navarra permitió un gobierno nacionalista en Berriozar hace sólo dos meses y que, lejos de contribuir a la normalización de un municipio partido en dos mitades políticas ya ha retirado la bandera española, ha contratado para sus fiestas a un grupo musical que exalta las prácticas terroristas y ha mancillado la memoria de Casanova, descolgando un modesto diploma que los compañeros del militar regalaron al Ayuntamiento y denegando toda ayuda económica a la asociación "Vecinos de Paz de Berriozar", encargada de mantener vivo su recuerdo.

A todos aquellos que creen en la libertad y en la democracia y repudian el chantaje fascista de las pistolas debemos animarles a que en cuerpo o en alma acudan mañana a Berriozar a rendir homenaje a un hombre que pagó con su vida su luchar por vivir en paz. Y a todos aquellos más preocupados hoy en saber si la rosa se marchitará en marzo o florecerá en primavera para cuatro años más recordarles que han estado a un paso de gobernar con quien contrata terroristas y con quien ostenta alcaldías desde las cuales se hace público el odio a la mitad de la población.

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